RUPTURA DE PAREJA: RECONOCER Y ENTENDER MIS SENTIMIENTOS

 

Una separación o ruptura con nuestra pareja, es un proceso traumático que nos produce mucho estrés y angustia. Nos conecta directamente con la soledad, con el abandono, con el desamparo… sentimientos muy primarios que según cómo hayamos vivido nuestra más temprana infancia, nos será más o menos complicado transitar por este dolor.  

            

El dolor que produce una ruptura no es proporcional al tiempo de la relación, sino que, más bien, tiene que ver con el grado de enamoramiento, complicidad, admiración y las experiencias que uno haya vivido con la pareja.

            

La separación de una pareja supone la interrupción de un proyecto de vida, que hemos construido conjuntamente y que ha llegado a su fin, pero especialmente cuando hay hijos, habrá que seguir manteniendo la relación de padres. Es muy importante la voluntad de las dos partes para reorganizarse.  Mantener un buen diálogo o como mínimo correcto, dando pasos firmes y claros. Esto ayudará a los hijos a una mejor y más pronta asimilación y a superar más sanamente la separación de sus padres.

           

La repercusión emocional que causa la separación dependerá de los motivos; si es por desgaste progresivo, proyectos dispares, choque de caracteres, por una infidelidad, etc. o si ha sido una decisión meditada, hablada y madurada. También dependerá de si hay hijos, sobre todo si son pequeños.

           

Normalmente, hay un miembro de la pareja que inicia la ruptura y otra que recibe la “noticia”. La parte que inicia la ruptura, se siente insatisfecha y puede llevar incluso años haciendo reflexión de cómo es su vida. Cuando  comienza el proceso de separación emocional, dejamos por el camino intentos de salvar la relación.

            

Mientras, la otra parte, inconsciente o conscientemente, niega el descontento. Se auto convence de que todo va bien y se va adaptando a nuevas situaciones. No se plantea una separación, quizás por los hijos pequeños, por motivos económicos o por el miedo a salir de la zona de confort.

            

Cuando nos dejan sin ser conscientes del conflicto, entramos en un estado de choque. Nuestro mundo se desmonta, reaccionamos con ira y frustración.  Sentimos que nos arrancado una parte importante de nosotros mismos y comenzamos con un bucle de preguntas  ¿por qué? ¿Qué hecho yo de malo?... conectamos con la culpa, con el desamparo emocional y la impotencia de romper un proyecto y unas expectativas conjuntas de vida.

               

En el otro extremo, la parte que decide romper la relación también sufre, ya que deja a alguien a quien ha querido y que probablemente  aún le quede el cariño y no quiera hacer daño. Hay que entender que a esta parte también se le rompen unas expectativas y un proyecto de vida conjunta. El sentimiento predominante es la culpa. Hay veces que este sentimiento de culpa es tan profundo, que hace que se continúe en una relación que no se desea o  nos anclemos en el pensamiento de “soy mala persona por hacerle esto a mi pareja”… En estos casos, si el abandonado no quiere la separación,  le es fácil tocar la fibra de la culpa de quien abandona, entrando en un juego de desprestigio, chantaje, manipulación y mermando la autoestima del que deja y la suya propia, intentando retener a su lado a una persona que ya no “está”.

           

En otros casos, donde la ruptura es de mutuo acuerdo, el dolor se vive de forma diferente, está mucho más repartido, y es más fácil responsabilizarse de uno mismo y la forma de terminar generalmente, es más amistosa.

           

Si ya hemos pasado por otra ruptura, tendremos más recursos para superarlo. Sabemos que la vida continua y sabremos apoyarnos en la familia y en los amigos… pero igualmente conectaremos con el fracaso, con una nuevas expectativas rotas, con otra relación que no ha funcionado a pesar de tener una experiencia anterior frustrada y haber puesto los medios, la implicación y la ilusión en otra pareja.

           

Una separación afecta también al entorno social, a la familia y al círculo de amigos, ya que en la mayoría de casos obliga a tomar partido y eso puede crear un conflicto de lealtades,  a quienes se decanten hacia la otra parte.

           

En toda pérdida debemos atravesar un proceso de duelo para poder sanar y adquirir herramientas, aprender de nuestros errores y llegar a vivirlo como una oportunidad de crecer. Atravesar correctamente estas etapas de duelo sin quedar atascados, es imprescindible para una recuperación sana.

           

Si sientes que te has quedado estancad@ en la fase de negación, de ira o dolor y quieres transitar con apoyo para superarlo, apúntate a la Terapia: Transitar por el dolor de la separación” donde trabajaremos el duelo y la autoestima.

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