VACACIONES CON NIÑOS DESPUÉS DE UNA SEPARACION

13.06.2016

 

Las vacaciones son por excelencia el tiempo de disfrutar juntos toda la familia. Sin embargo, no podemos olvidar que cada vez existe un mayor número de padres separados y que en estas fechas se reparten a sus hijos. Una situación que, a buen seguro, será utilizada por los hijos para intentar sacar el máximo partido de sus padres.

 

Saber reaccionar y no desesperar ante los contratiempos o reacciones inesperadas de los hijos a veces no resulta fácil, sobre todo cuando los progenitores esperaban con ansia el momento de disfrutar de los hijos, después de su separación o divorcio.

 

Según Cristina García Desplat, psicóloga, asesora familiar, miembro del equipo de www.psiocatorientacio.org y colaboradora deSuperpadres.com, gran parte del éxito de las vacaciones va a depender de cómo las afrontemos psicológicamente. «Pensar que vemos poco a nuestros hijos y que hay que aprovechar al máximo puede ser una presión añadida, especialmente cuando no se tiene la custodia».

 

Para que este tiempo en familia sea los más provechoso y positivo posible, esta psicóloga recomienda tres situaciones que hay que evitar:

 

1. Grandes expectativas: No te obligues a disfrutar, ni reproches a tus hijos que no disfrutan lo suficiente. Acepta las cosas como vengan y olvídate de las grandes expectativas. Porque siempre sale algo mal. Puede llover, los transportes se retrasan, los niños se pelean, dicen que se aburren o se pasan el día llorando. Es normal y también pasaría si los padres no estuvieran separados. No tiene sentido reprocharles que no disfrutan lo suficiente y menos echarles en cara lo mucho que te ha costado o lo duro que has trabajado para conseguir pasar unos días fuera en un bonito lugar.

 

2. Exceso de mimos: Es habitual compensar nuestras inseguridades colmando al niño con todos sus caprichos o consintiendo comportamientos tiránicos para que pase unas «felices» vacaciones. Lo sano sería ayudarle a comprender y aceptar que hay un orden en las cosas y ese orden no lo deciden los hijos, aunque se pueden tener en cuenta sus opiniones si las expresan con corrección. Una buena receta podría ser: amabilidad, respeto y mucho cariño, pero siempre con firmeza. No ceder ante las pataletas y tener mucha paciencia para no responder con gritos a sus gritos.

 

3. Evitar meter al niño en nuestras guerras: Cuando el otro progenitor no quiere o no puede cumplir los planes pactados para las vacaciones debemos tener presente que para los hijos es importante no sentirse rechazado, ni abandonado. Nuestra posición ha de ser la de ayudar a aceptar, comprender y perdonar, para que el niño pueda superar la frustración. Echar leña al fuego nos daña a todos.

 

Reacciones inesperadas
 

Por último, es importante tener previsto que durante las vacaciones pueden surgir algunas reacciones que no esperábamos en nuestros hijos:

 

· Retrocesos: Con los cambios de rutinas pueden reaparecer problemas que parecían ya superados, como eneuresis, lloros o miedos. Ante estos pequeños retrocesos debemos ser comprensivos y tener paciencia. No hay porqué alarmarse, es normal. Simplemente acompañar al niño y tratar de neutralizar los sentimientos de culpa o vergüenza que pudieran aparecer.

 

· Rebeldía: Ahora que llega el reencuentro de las vacaciones tan anhelado por los padres resulta que a los hijos no les gusta nada de lo que se propone; solo buscan defectos a las decisiones de los adultos y a la que pueden desobedecen o sabotean los planes. Si  te encuentras con esta actitud, posiblemente están dolidos. Es habitual, y hasta cierto punto normal, que sientan que los adultos han decidido romper la familia y «destrozarles su mundo» por lo que se rebelan con toda su energía contra uno de los progenitores, los dos, o el mundo entero.

 

Necesitan expresar su impotencia y su enfado. Hasta que, poco a poco, vayan asumiendo que en la vida a todos nos ocurren muchas cosas que nos cuesta entender y no podemos cambiarlas.

 

Lo único que podemos hacer es adaptarnos nosotros para sentirnos mejor. Puede ser bueno intentar comprender cómo se sienten y evitar la represión severa. Eso solo aumentaría la distancia y el resentimiento. Se puede ser cariñoso, firme y flexible al mismo tiempo. Aunque la flexibilidad no debe ser arbitraria, ni una rendición, sino un camino para comprenderse y mejorar.

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